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	<title>Desvaríos</title>
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	<description>Empieza tu día con una sonrisa, verás lo divertido que es andar por ahí desentonando con todo el mundo.

Libertad dixit</description>
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<item rdf:about="http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2005/02/22/sin-palabras">
	<title>Sin palabras</title>
	<link>http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2005/02/22/sin-palabras</link>
	<dc:date>2005-02-22T03:14:18Z</dc:date>
	<dc:creator>illari</dc:creator>
	<dc:subject>Insomnios</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[A veces uno se topa con cuentos o poemas que simplemente pasan. Otros, como éste, son casi como una cachetada. <br />
<br />
<br />
<b>Esta mañana soy otra</b><br />
<br />
esta mañana soy otra<br />
toda la noche<br />
el viento me dio alas<br />
para caer<br />
<br />
la sin sombra<br />
la muerte<br />
como una mala madre<br />
me tocó bajo los ojos<br />
<br />
entonces dividida<br />
dando tumbos<br />
de lo oscuro a lo oscuro<br />
giré recién llegada<br />
a la luz de esta línea<br />
<br />
en pleno abismo<br />
abriéndose<br />
y cerrándose la línea<br />
<br />
sin música<br />
pero llamando<br />
sin voz<br />
pero llamando<br />
sin palabras<br />
llamando<br />
<br />
(Blanca Varela. En: Concierto animal)<br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2005/02/10/los-animes-de-mi-vida">
	<title>Los animes de mi vida</title>
	<link>http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2005/02/10/los-animes-de-mi-vida</link>
	<dc:date>2005-02-10T04:36:27Z</dc:date>
	<dc:creator>illari</dc:creator>
	<dc:subject>Es un decir</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[No sé a qué edad empecé a ver tele. A los cuatro o cinco habrá sido, ya que antes no podría haber tenido fuerzas para dar de golpes a la TV blanco y negro que teníamos en casa y que funcionaba sólo así, a la mala. <br />
<br />
Eran los 70s, primera mitad, y lo primero que recuerdo es al <i>Hombre Par</i>, un niño superhéroe con máscara y capa a lo superhéroe, qué novedad, que con un grupo de amigos, mono incluido, hacían de las suyas. Mitsuo era el nombre del niño, que además tenía un ¿muñeco? ¿robot?... no recuerdo bien, que adoptaba la personalidad de Mitsuo para que nadie se diera cuenta de su ausencia. Lo que llamaba mi atención era lo poco atractivo que era este héroe, en comparación al galanazo del <i>Capitán Futuro</i>, que fue mi amor platónico. Qué cursi.<br />
<br />
Pero así y todo me gustaba ver a este antihéroe y su grupo, cuya torpeza y poca fortuna reclamaban mi solidaridad (mismo “¡¡Hombre Par, sí se puede¡¡”), consideración que luego estuvo bien lejos de repetirse en <i>Fantasmagórico</i>. A él que lo defienda su mamá. <br />
<br />
Tengo pésima memoria para recordar fechas y el orden en que sucedieron hechos diversos. Así que no sé exactamente qué dibujo –así le decía entonces, lo de anime es una nueva moda– vi primero. Pero en mi lista de favoritos, entre los que recuerdo, están <i>Astroboy, Meteoro, Mazinger Z, la Abeja Maya, el Inspector Gadget </i>(¿o era <i>Cool Mc Cool</i>?), <i>Lady Oscar, el Gato Félix, Angel la niña de las flores, Calabozos y Dragones, Érase una Vez el Hombre</i>. Nunca me gustó <i>Candy</i>, presumo que por lo mismo que hoy no me gustan las telenovelas mexicanas.  <br />
<br />
<b>Marco: capítulo aparte</b><br />
<img src="http://monitos.polo-sur.cl/fotos/marco/Gal1/images/marco015.jpg" /><br />
<br />
Recuerdo que tenía mi polo de Marco que se percudió de tanto usarlo. Y a pesar del tiempo, tampoco olvido la letra de la canción.<br />
<br />
<i>En un pueblo italiano / al pie de la montaña / <br />
vive nuestro amigo Marco / en una humilde morada.<br />
Se levanta / muy temprano<br />
para ayudar a su buena mamá.<br />
<br />
Pero un día la tristeza / llega hasta su corazón<br />
mamá tiene que partir / cruzando el mar a otro país…</i><br />
<br />
Necesito un klenex virtual, como diría el comiquero Javier Prado. “Marco, De los Apeninos a los Andes” me hacía llorar a moco tendido. Ojo, no era como el bodrio de Candy. ¿Acaso alguien puede ser indiferente con las desventuras de un niño que busca a su madre?, ¿no conmueve que Marco haya cruzado el Atlántico, con su mono Amenif a cuestas para hallarla? (No me importa donde vayas… ¡¡¡Te encontraré!!!) <br />
<br />
Ok, ok, suena trágico. Pero, era como la cuota de dolor y sufrimiento que necesitábamos para sacarnos de encima la tortura de ver a los siempre ganadores Superman y sus amigos. Como fuere, esta serie basada en el cuento de Edmundo de Amicis, dejó huella. ¿Quién dice que los niños sólo tienen que reír? ¿O sí?<br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2005/01/28/y-sigo-esperando">
	<title>Y sigo esperando</title>
	<link>http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2005/01/28/y-sigo-esperando</link>
	<dc:date>2005-01-28T10:27:01Z</dc:date>
	<dc:creator>illari</dc:creator>
	<dc:subject>Im blau</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[Una taza de café, cargado, negrísimo, sin una pizca de azúcar, humeante aún. Y el sabor añejo de un cigarro en los labios. Unas pesadas gafas, lapicero punta fina y el papel en blanco que te mira, te regaña, te lleva a la desesperación. <br />
<br />
El temor a la nada, a la escasez de ideas, te hacen pensar que hoy tus demonios interiores se fueron de paseo sin pedir permiso. Se han mal acostumbrado, piensas, ahora que caes en la cuenta de que esos paseos están durando demasiado y quizás esos malditos demonios no vuelvan más. ¡Que los necesito, coño! se me ocurre gritarles a ver si se animan a volver. Espero. Y espero. <br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2005/01/17/bestiario-pagina-1">
	<title>Bestiario. Página 1</title>
	<link>http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2005/01/17/bestiario-pagina-1</link>
	<dc:date>2005-01-17T17:55:04Z</dc:date>
	<dc:creator>illari</dc:creator>
	<dc:subject>Im blau</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[Dejar pasar el tiempo, coger un microbús sin rumbo, añorar conejitos blancos que se esconden tras un armario y se comen las plantas de las macetas.<br />
<br />
Hablar, dejar de hablar, enmudecer y caer en la impasibilidad que te convierte en un solo ojo mirando un árbol sin hojas.<br />
<br />
Levantarse a las seis de la mañana, como un gallinazo sin plumas, que espanta, que no vuela, que hurga en el basural.  <br />
<br />
Así es como voy creando mi bestiario. <br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2005/01/11/a-quemarropa">
	<title>A quemarropa</title>
	<link>http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2005/01/11/a-quemarropa</link>
	<dc:date>2005-01-11T23:31:02Z</dc:date>
	<dc:creator>illari</dc:creator>
	<dc:subject>Es un decir</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<i>I was five and he was six <br />
We rode on horses made of sticks <br />
He wore black and I wore white <br />
He would always win the fight <br />
<br />
Bang bang, he shot me down <br />
Bang bang, I hit the ground <br />
Bang bang, that awful sound <br />
Bang bang, my baby shot me down.</i><br />
<b>Nancy Sinatra</b><br /><br />He cerrado los ojos y me he arrellanado en un mullido sofá. Los enormes audífonos que llevo parecieran hacerme sentir más desolada, tanto como en aquella butaca del Cineplanet de San Miguel, en el que las primeras imágenes de Kill Bill 1 me han dejado sin parpadear y la intensa voz de Nancy Sinatra –que ahora descubro que es así como se llama la intérprete de Bang Bang– me han presagiado emociones a quemarropa. <br />
<br />
Ahora que escucho el CD, las imágenes del film de Quentin Tarantino vienen una tras otra, pero se detienen en la escena de la pelea entre O-ren Ishii y la Novia, Beatrix. Será que The Flower of Carnage, interpretada por Meiko Kaji golpea fuerte y paraliza. <br />
<br />
Me quedo con estos dos temas. La angustia no da para más. <br />
<img src="http://img.kelkoo.com/shopbot/31301/medium/43/76/88/43768872.jpg" />]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2005/01/11/pa">
	<title>Pa</title>
	<link>http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2005/01/11/pa</link>
	<dc:date>2005-01-11T23:00:18Z</dc:date>
	<dc:creator>illari</dc:creator>
	<dc:subject>Im blau</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<b>Mezcla de añoranza y ficción. Lo único real es que te extraño, pa. </b><br /><br />Te veo marchando con tu sombrero de papel en la cabeza, gritando a caso paso “Hi, Hitler, Hi Hitler”. Y en la mano llevas tu escopeta, un palo de escoba partido que ya no usan en casa. Aún no sabes hablar bien, tienes apenas 3 años, pero qué bien se escucha tu voz ronca aquí en la habitación cerrada, lejos de los niños que no entienden tu idioma. <br />
<br />
Todavía no entiendes que vives en el Callao, a donde llegaron tus padres desde el Japón. Ni imaginas que salvaste de morir aplastado por las paredes que cayeron sobre ti en el terremoto del 40, cuando apenas tenías días de nacido. No sabes tampoco que no eres el oniichan (hermano mayor), ya que Yasuo murió arrollado por un tren sin que tú lo conocieras.<br />
<br />
Ignoras todo esto Hiroshi. Hasta quién es tu papá, que debe andar escondido temiendo ser deportado. Tú sólo sigues marchando, “Hi Hitler, Hi Hitler”, sin enterarte de que tu mamá está muy cansada, levantándose de madrugada para cocinar lomo saltado y tacu tacu, que ha aprendido a preparar con una sazón exquisita.<br />
<br />
Sigues gritando con tu voz ronquita, Hiroshi, como si te hubieras fumado una cajetilla de Premier, con aquella voz de ron Cartavio, rubio sol, que gustas ahora beber con tus amigos. ¡Salud Hiro!, ¡salud gordo!, ¡salud maestro! <br />
<br />
Tu vida ha estado llena de marchas. Aún te recuerdo cantando el himno del colegio Guadalupe. - Abrid ancho paso / Las palmas batid / Que va Guadalupe el colegio campeón / Tatata, tatata, ta ta ta ta ta ta / Guadalupe es el colegio / de entusiasta juventud / somos los guadalupanos / El orgullo del Perú / Ta ta ta ta.<br />
<br />
De memoria me lo aprendí, ya ves ¿Acaso las recuerdas tú Hiroshi? Ya no tienes 3 años. Ya no escucho tu voz ronca en esta habitación cerrada. <br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2004/12/30/re-construyendo-el-mito">
	<title>(Re)construyendo el mito</title>
	<link>http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2004/12/30/re-construyendo-el-mito</link>
	<dc:date>2004-12-30T19:54:24Z</dc:date>
	<dc:creator>illari</dc:creator>
	<dc:subject>Es un decir</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<b>Una mirada personal de "Diarios de Motocicleta", la reciente cinta de Walter Salles que recrea el viaje del joven Ernesto Guevara y su amigo Alberto Granado, un viaje sin rumbo por Sudamérica que cambió sus perspectivas y derroteros. </b><br /><br />¿Una revolución sin tiros? Imposible, sentencia Ernesto Guevara en las alturas de Machu Picchu. Una frase de película dicha así, explícitamente, para convencernos de que, en efecto, el estudiante de medicina argentino, clasemediero y aventurero que estamos viendo hace ya media hora en pantalla gigante se convertiría años después en el mítico Che Guevara. <br />
<br />
Salvo esta frase incendiaria y premonitoria, quien esperó ver al revolucionario líder en acción, no lo encontrará en “Diarios de Motocicleta”, último filme del brasileño Walter Salles que, basado en las “Notas de Viaje” escritas por Ernesto Guevara de la Serna, y en el libro “Con el Che por Sudamérica” de Alberto Granado, su entrañable compañero de ruta, retrata precisamente el recorrido que ambos hicieron por gran parte de Argentina, Chile y Perú en el año 1952. <br />
<br />
Estamos advertidos. No es un panegírico a uno de los iconos más populares del siglo XX. Es una mirada lírica y desmitificante de dos jóvenes soñadores que emprenden un viaje que tiene muy poco de turismo y más bien sí de descubrimiento paulatino de una identidad latinoamericana, eso que el Che llamaría luego de manera rimbombante una “Mayúscula América”. <br />
<br />
Dejo a los críticos y cinéfilos entendidos su opinión enterada e instruida sobre este road movie, que así es como se le llaman a las películas de viaje o de ruta. Mi mirada está mezclada con canchita y gaseosa, con el perdón de los presentes, y con pasiones que –sin llegar al fanatismo– (vaya, si hay que dejarlo en claro), despierta un personaje como el Che Guevara. Ha de ser generacional. <br />
<br />
Los nombres de Salles, Redford y Gael García en el afiche publicitario la hacían imperdible. Tengo que verla, me dije. Y es así como de entrada, cuando te topas con dos amigos, Ernesto Guevara de la Serna (Gael García) y Alberto Granado (Rodrigo de la Serna) alistando aperos para emprender un viaje estrictamente planificado, con hoja de ruta, fechas y destinos, no te cabe duda de que la aventura promete. Y si es a bordo de “La Poderosa”, la desvencijada moto de Granado, te das cuenta de que es un viaje de locos. O de soñadores, que es casi lo mismo.<br />
<br />
Al fin y al cabo, dos jóvenes románticos y aventureros. Guevara, a punto de graduarse de médico, con estudios en leprología, 23 años; y Granado, un bioquímico de 29 años, decidido y carismático, que parten de Buenos Aires hacia el Sur de Argentina, dejan atrás la Patagonia y recorren Chile, hasta llegar al desierto de Atacama, donde un episodio con una pareja de comunistas impacta tanto por la fuerza de las imágenes –la casi esclavitud en una mina– como por el implícito discurso de desigualdad social que ya va adoptando el protagonista. <br />
<br />
El paso por el Cusco, con escenas bien logradas es donde la película huele más a documental: la conversación espontánea con los pobladores, el niño guía con el que chacchan coca. Luego, la llegada a la Lima de los 50’s donde Ernesto lee los 7 Ensayos de Mariátegui, imagen que se intercala con retratos de toda la gente que fue dejando en la ruta: mineros, comerciantes de un mercado, campesinos, gente citadina, van haciendo la idea de que toda la experiencia de este viaje ha surtido un efecto evidente sobre ambos personajes, sobre todo cuando llegan al leprosorio ubicado en el Alto Amazonas, despertando –en uno más que en el otro–, reflexiones e inquietudes que posteriormente determinarían en alguna medida sus apuestas personales. <br />
<br />
Pero paremos. No voy a contar la película, que todavía anda en cartelera. Decir que me gustó es decir nada. Me quedo con la idea de que me atrajo la forma en que está narrada la película, la historia misma –la trama, que le dicen–, inclusive, paradójicamente, la casi asepsia del film. Esa era la idea al rodarla al fin de cuentas. Y vale. <br />
<br />
Y me quedo también –lo siento Gael– con Rodrigo de la Serna, que se roba el show con la interpretación de un personaje bullente, casi pendenciero, encantador al fin. Está bien. Gael García no estuvo mal en el papel del Che, adoptando un acento cordobés convincente. ¿Era cordobés, no? <br />
<br />
No me gusta leer las críticas cinemeras antes de ir a ver una película, aunque después tampoco queden muchas ganas. Sin embargo, leyendo algunas notas me entero que Walter Salles hizo también el recorrido antes de rodar la cinta, que luego fue filmada, cosa rara en el cine, siguiendo el hilo de la narración. Y que, tanto para él, el guionista José Rivera, así como para los actores, fue también un proceso de descubrimiento de identidades. <br />
<br />
Se me graba también la imagen de Alberto Granado, el verdadero amigo del Che Guevara, un octogenario anciano que vive actualmente en Cuba, que comparte su mirada para hacer ese recorrido retrospectivo de eso que fue para ellos un vagar sin rumbo, pero que tendría tal impacto en sus vidas, que años después compartirían nuevamente ideales. <br />
<br />
Pero al final de todo, me quedo con las ganas de salir corriendo a buscar el libro del Che Guevara (aún sigo buscándolo). Piso tierra y al día siguiente de ver la película un amigo me espeta: <i>¿Te das cuenta que los soñadores son una lacra para la sociedad?</i> Y me quedo pensando. Quizás a la entrada del cine debieron colocar un cartel: “Apto sólo para soñadores”. O para ilusos, imbéciles o terroristas dirán otros. Así es el cine pues. Uno ve lo que quiere ver. Y construye sus propios sueños. <br />
<br />
Publicado en Décimo Círculo (<a href="www.decimocirculo.com">www.decimocirculo.net</a>) Edición 7, diciembre 2004<br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2004/11/01/visiones">
	<title>Visiones</title>
	<link>http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2004/11/01/visiones</link>
	<dc:date>2004-11-01T18:50:48Z</dc:date>
	<dc:creator>illari</dc:creator>
	<dc:subject>Insomnios</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[Recojo los pedazos de mi cuerpo<br />
que han quedado regados tras los disparos<br />
<br />
El azar o mi intención<br />
me llevaron hacia tu fusil<br />
a ponerme delante mientras te miro<br />
ajustando la petaca<br />
<br />
Y no entiendo tu mirada escondida<br />
ni tu mano en el gatillo<br />
<br />
Sólo espero un ladrido, alguna vana distracción<br />
que te arranque de tu (in)conciencia<br />
que apure mi huida<br />
<br />
Y te imagino perverso<br />
escribiendo mi hagiografía<br />
Te imagino así, riendo desaforado<br />
con esos ojos desquiciados<br />
que ahora me siguen<br />
que me acosan en cada movimiento convulso<br />
cada vez que logro recuperar algo de mí<br />
<br />
Y así en mis manos pintadas me llevo<br />
y arrastro mi cuerpo rúbeo, inerme<br />
hacia el lazareto<br />
<br />
::::::::::::::<br />
<br />
A veces pienso que no<br />
que no es posible sacarme esta careta<br />
y me lo estoy creyendo<br />
creo que soy este yo y no. No quiero.<br />
<br />
Quiero ser el después, lo que sigue a esta inercia<br />
o no quiero ser el antes<br />
soy el ¡ay! andante con este cuerpo encaretado<br />
con esta cara-cuerpo que me delata<br />
de-lata<br />
que suena agudo<br />
que rueda crujiendo<br />
que se aplasta de un solo pisotón<br />
como una lata de atún que lame el gato<br />
como una piedra curiosa que pateo jugando<br />
así es mi careta<br />
sin ella no soy<br />
<br />
<br />
::::::::::::<br />
<br />
Anoche me soñé araña<br />
de esas que pueden volar <br />
con sólo darles cuerda<br />
de esas que rasguñan<br />
y se esconden tras su tela <br />
recién tejida <br />
<br />
Anoche desperté <br />
en la cama sin almohadas<br />
muerta de la risa<br />
y sin bostezos<br />
los ojos abiertos<br />
atrapada en mis sueños <br />
<br />
Publicado en Décimo Círculo (<a href="www.decimocirculo.com">www.decimocirculo.net</a>) Edición 5, octubre 2004.]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2004/11/01/sobresaltos">
	<title>Sobresaltos</title>
	<link>http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2004/11/01/sobresaltos</link>
	<dc:date>2004-11-01T18:41:55Z</dc:date>
	<dc:creator>illari</dc:creator>
	<dc:subject>Crónicas</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<i><b>Tres breves relatos narrados por una infrecuente víctima de robos que, a pesar de ello, recuerda estos momentos con incrédula angustia. </b></i><br /><br />No tengo miedo, me digo siempre tratando de aparentar valentía, sin que nadie se entere de que cuando subo a un taxi me fijo en la cara del conductor, en que sus manos estén fijas en el timón y en que no vaya a realizar algún movimiento sospechoso, como aplicarme “burundanga”, por ejemplo, cuyo olor, dicen, desmaya a uno en un segundo. Por eso ya tengo un plan, he diseñado mi estrategia de escape. Ventana siempre abierta, sentarme detrás del taxista y, si sucede, tirarme del auto, aunque esté en plena Vía Expresa. Creo que mi plan aún debe perfeccionarse. En eso estoy.<br />
<br />
Los nueve asaltos diarios reportados en Lima, es decir, sólo aquellos que se denuncian, reflejan el temor –casi pánico– colectivo que se vive en la ciudad. Secuestros al paso, robos a tiendas, casas y centros comerciales. ¿Cómo no vivir siempre con sobresaltos? Acaban de enrejar las calles de mi barrio, donde las historias de ladrones y guachimanes se han multiplicado, pero inevitablemente, esta paranoia por sentirnos más seguros me ha traído el recuerdo de mis propias experiencias como víctima de carteristas, timadores, asaltantes y pirañitas. Los robos son momentos traumáticos, dicen. ¿Quién no lo ha comprobado alguna vez? <br />
<br />
<b>Uno</b><br />
<i>No te asustes mamita, dame lo que tienes y no pasa nada</i>, me dice un chiquillo de ojos vidriosos mientras otro ha colocado sobre mi cuello una botella con el pico roto. Es la avenida La Marina, nueve y tanto de la noche de un jueves, a la salida del trabajo. <br />
<br />
Otros dos tienen la mochila de mi amigo, que insiste en que me suelten. Sólo tres lucas en la mochila misia. Se resignan. Aún esperan mi cartera que lleva dentro –maldita casualidad– una cámara de fotos, grabadora y algo de dinero con el que debo pagar un trabajo de imprenta– <i>¿De dónde vienes?</i>, le digo al de los ojos perdidos, con un desparpajo que deja boquiabierto a mi amigo, que me dice con su mirada ¿qué estás haciendo?, no seas loca, ¿te enteraste de que te están robando? <br />
<br />
<i>De Barrios Altos</i>, dice. <i>Somos vecinos, cómo me vas a hacer esto chochera, no te pases pues</i>, le respondo buscando conversa <i>¿Vives por el Dos de Mayo?</i> , interroga. <i>Por Huánuco, llegando a Grau</i>, le cuento, recordando haber pasado alguna vez por allí, y lo miro señalando con la vista mi cuello apretado.<br />
<br />
Los otros tres pirañas parecen nerviosos, pero siento que su líder, ése que se ha hecho mi pata, ejerce mucha influencia sobre ellos. <i>Déjala, nos quitamos nomás</i>, le dice al de la botella rota. <i>Caminen sin mirar atrás, no volteen mierdas</i>. No han pasado sino unos 3 minutos. Subimos al primer bus, le doy algunas monedas a mi amigo para su pasaje. Empiezo a llorar. <br />
<br />
<b>Dos</b><br />
Tomo el bus que me llevará desde Caquetá a la Plaza Dos de Mayo. Acabo de salir de mi antiguo barrio al que visitaba después de mucho tiempo. Me acomodo a la izquierda, en uno de aquellos asientos solitarios y me concentro en ver a los comerciantes informales que venden sandías en el mercado del trébol del Puente del Ejército. <i>Caramelo de limón, 10 centavos</i>, escucho muy cerca. Y más cerca aún siento una filuda punta de navaja que acaban de colocar sobre mi brazo. <i>Te bajas conmigo, carajo</i>, me dice alguien de manera casi imperceptible. No me muevo. No veo su rostro. <br />
<br />
Avanza por el siguiente asiento a ofrecer sus dulces, pero siento que me observa. No me atrevo a voltear. No sé si tiemblo, no recuerdo si lloro. Estamos llegando a la Plaza Unión y el vendedor se ha parado justo en el asiento detrás del mío, aguardando algún movimiento. Y yo pienso en qué querrá hacerme, en qué me hará si descubre que no llevo dinero encima. O tal vez quiere violarme, pienso aterrada ahora que acabamos de cruzar miradas, la mía, suplicante; la suya, desquiciada, perturbada, casi extraviada. <br />
<br />
<i>Hola, cómo estás amiga, ven acá</i>, me jala de la mano efusivamente un muchacho que está sentado al otro lado del pasillo del bus, rescatándome así de mis delirios. <i>¿Te hizo daño? Es un loco nomás. Espera a que baje del bus.</i> Y el loco pasa por nuestro asiento, se baja al fin, pero tira un golpe furioso sobre la ventana y logro ver su mirada suplicante y su boca que grita palabras que ya no entiendo. He dejado de temblar, no fue sino un susto. Vaya suerte la mía. El muchacho desconocido que me salvó me invita un caramelo de limón. Bajo en la esquina.<br />
<br />
<b>Tres</b><br />
Ya tengo 14 años pero es peligroso que vaya sola. Me acompaña mi hermano que también aprovechará para comprarse un polo, yo necesito uno urgente para mi clase de karate. En Polvos Azules paseamos por los puestos de zapatillas y ropa, pero nos entretenemos en aquellos que venden equipos de sonido. En casa no tenemos, y se ven tan bonitos que nos quedamos allí largo rato escuchando algo de Phill Collins. Hay de todo, equipos con parlantes enormes, minicomponentes y dispositivos personales, de esos que llaman walkman. <br />
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Son ya casi las seis, está oscureciendo y debemos volver a casa cuanto antes. En eso, <i>¿no les gusta este ‘wolman’?</i> , nos dice un señor parado al lado de un puesto, que nos muestra un modelo clásico, negro, con los botones en el lado superior, marca Sony. Miramos. Sí nos gusta. ¿Cuánto? ¡Sí nos alcanza! Adiós polos, ¡ya tenemos ‘wolman’! Entonces corremos, sospechando que el vendedor viene siguiéndonos para robarnos lo que nos acaba de vender. Tomamos raudos un bus y yo toco a cada rato mi walkman, que está bien envuelto en una bolsa negra, sintiendo que está a salvo, mirando a todos lados si aquel tipo o algún compinche nos quieren malograr el día. <br />
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Ya no podrán hacerlo. Llegamos a casa, felices. Y ahora qué le decimos a mamá. <i>Ya viene, apúrate para darle la sorpresa</i>. Abro la bolsa con desesperación, sintiendo la música que sale de los audífonos, alucinándome que estaré tirada en la cama escuchando mi casete de Los Fabulosos Cadillacs. <i>Apresúrate</i>. Entonces mis ojos se abren enormes y recién caigo en la cuenta de que el tipo ese que me vendió mi “wolman” estaba medio escondido entre los puestos de Polvos Azules, que nos miraba rarísimo, que hablaba a mil por hora aturdiéndonos. ¡Maldición! Mis ojos se abren enormes y afligidos. Un papel periódico envuelve un pedazo de barra de jabón de lavar (Bolívar, presumo) con pequeños trozos cuadrados del mismo jabón, que simularon los botones del walkman que yo creí tocar en el bus. Aún tengo 14 desoladores años.<br />
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Publicado en Décimo Círculo (<a href="www.decimocirculo.com">www.decimocirculo.net</a>) Edición 5, octubre 2004. <br />
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<item rdf:about="http://desvarios.bitacoras.com/archivos/2004/09/01/la-chuncha-eres-tu">
	<title>La chuncha eres tú</title>
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	<dc:date>2004-09-01T18:22:27Z</dc:date>
	<dc:creator>illari</dc:creator>
	<dc:subject>Crónicas</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<i><b>Dicen que la selva tiene su encanto. Así lo confirma esta desenfadada crónica sobre la visita a una comunidad nativa, donde la llamada civilización ya puso los pies. </b></i><br /><br />¿Duele? pregunto aterrada, pero ya el pinchazo en el brazo izquierdo va introduciendo la vacuna que me librará, dicen, de la fiebre amarilla. ¿Prefieres morirte o que te duela? sentencia la enojada enfermera del puesto El Pedregal, en La Merced, la última parada antes de llegar a Pampa Michi. Ayer han fallecido tres personas que fueron a Pichanaki, cuenta con un dramatismo que no deja duda. Que me duela pues. <br />
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Me da mi papelito que certifica que estoy liberada por 10 años de la plaga y reanudo la marcha con la confianza de que ningún zancudo se aprovechará de mí, pensando en que quizás también debería existir una vacuna contra el susto que provocan los duendes. No vaya a ser verdad que se aparecen en los tres túneles que acabo de pasar y que te miran agazapados y gritan como condenados, y que… Así dice Henry, el guía, que insiste en venderme un llavero que él mismo hizo, con la forma de un duende que vio una noche de esas. El viaje promete, me digo sonriendo por mi poca fe, confiada en no necesitar antídotos. <br />
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Un desvío a la izquierda en la carretera me revela que vamos llegando a la comunidad asháninka cuya foto aparece en todos los folletos de las agencias de turismo de Tarma, como punto final del tour a la selva central. Para más señas, en el distrito de Perené, provincia de Chanchamayo, departamento de Junín, a 630 metros sobre el nivel del mar. <br />
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Voy alistando mi cámara, untándome más repelente y pensando que ¡¡¡¡¡por fin veré chunchos de verdad!!!!! (Nativos, me corrige furioso Henry, adivinando mi mirada extasiada). Aquí me bajo, síganme los buenos. Los malos no porque les meten flecha. <br />
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Así de absurda y muerta de la risa entro a Pampa Michi, donde el jefe chuncho, con cara pintada, cushma* color tierra y demás atavíos ha sentado sobre troncos cortados a los turistas domingueros que han venido en mancha, atraídos por la noticia de que hoy 1 de agosto habrá una gran fiesta. Me apunto, ahora que sé que no nos invitarán masato. Me acabo de enterar cómo es preparado este licor y me ha venido una náusea totalmente occidental y llena de prejuicio. Acepto el refresco de yuca. ¿No lleva camote, no? Pasonki**. <br />
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En perfecto castellano, el jefe chuncho, que luego me entero es más bien el hijo del jefe (quien ha ido en busca de músicos para la fiesta) nos invita a vestirnos con las ropas y adornos de su comunidad. Acepto otra vez y ya me veo con las mejillas pintadas con achiote, ataviada para la foto que nadie me tomó. Y así engalanada sigo los pasos del monocorde baile colectivo, con tamboriletes y cánticos, en el que damos vueltas y vueltas con la sonrisa kolynos a flor de labios. <br />
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Quiero más acción, me digo y ya tengo al lado al hijo del jefe chuncho con su arco y flechas disparando a un loro de madera. ¿Más acción? Pal monte vamos a cazar venados, sugiere. Paso. El loro está simpatiquísimo. Aunque más atractiva está la cerbatana que acabo de comprar a 10 soles, con respectiva rebaja de 5 soles de la que me jacto, antes de que la nativa asháninka que amamanta a su hijo me desilusione y me diga que el artilugio éste viene sin veneno incluido. Deprimida adquiero un arco y flechas con filudas puntas, también a precio de oferta. A ver si le doy al lorito. O al mono trapecista que no para de chillar por el coloradísimo chupete globopop que le invitó algún pequeño turista. <br />
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Coloradas deben estar también mis mejillas, por el achiote que no me he sacado de encima o por el calor de selva que siento por primera vez. O será el rubor que me produce sentirme como Jane en medio de la jungla, acaso como el llanero solitario descubriendo a Toro o como Paul Gauguin pisando tierras vírgenes en Oceanía. O sea, totalmente étnica, ves. <br />
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Los techos de palmeras, los collares y pulseras de semillas no me mienten. Esto es selva, señores. Pero no tan virgen. Salvo el cántico en campa, cuya tonada la tengo grabada en la memoria (del videotape), escuché a niños y grandes hablar en español. La maldita globalización, pienso, pero me estrello con sus cushmas, sus pies descalzos, sus verdes y tupidos montes, su tamborilete que no deja de sonar en mi cabeza. <br />
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Y me empecino en que no pues, que esta comunidad es hecha ad hoc para recibir turistas ávidos de nuevas experiencias, que su arco de bienvenida no existía hace tres años, que los campas temían abrir sus puertas a extraños. En fin, que los vacunados deberían ser ellos, ante nuestra estúpida ignorancia. La chuncha eres tú, me digo resignada, cogiendo mi cerbatana para espantar al duende que presiento me ha seguido hasta aquí. <br />
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* Cushma: Vestimenta típica similar a una túnica.<br />
** Pasonki: Gracias, en lengua asháninka. <br />
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Publicado en Décimo Círculo (<a href="www.decimocirculo.com">www.decimocirculo.net</a>). Edición 3, agosto 2004. ]]></content:encoded>
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